Y sí, duele, de día, de noche, duele cuando caminas, cuando trabajas, cuando ríes, cuando corres, aquí, allá, acostada, sentada, parada, duele, duele y duele y no hay razón que te explique no porque duele tanto, sino ¿porqué te sucedió? ¿qué hiciste que no fuera correcto?, ¿qué dijiste que entendió mal? ¿qué no comprendiste de lo que él te dijo? Qué pasó que inesperadamente todo ese sentimiento que fluía a borbotones se esfumó, así, así de golpe, sin más ni más.
Y duele, duele, duele pero no hay caso, él ya no está y desfilan como tormentos en tu mente cada instante, cada día esa desazón inacabable de no saber a ciencia cierta que pasó. Y te das vuelta en tu cama y piensas y recuerdas palabra por palabra de todo lo que hablaste, lo que hiciste, lo que escuchaste y no, no hay razón que te explique el porque de su ausencia. Y ese dolor que orada tu cerebro, da vueltas y vueltas tratando de encontrar una explicación y sigues con ese tormento que te atrapa como si fuera una horda embravecida que nunca termina y se complota con la angustia, la ansiedad, la tristeza y esa infame manera de querer tener siempre una explicación lógica de cada cosa de tu vida. Y es tan simple darse cuenta que él, tan sólo se sinceró y se fue porque ya no te ama más! Sólo que no queremos entender que el amor no es eterno y que hay que vivirlo con intensidad sin esperar que sea para siempre!
Heidi Rótulo
Santiago del Estero-Argentina
No hay comentarios:
Publicar un comentario