sábado, 19 de febrero de 2011

Y ASÍ, SE VA LA VIDA

Y así se va la vida como lágrimas que se evaporan al instante, como lluvia que pasa, viento que para, sol que amanece, ave que trina, estación que cambia. Así como el vuelo de la imaginación que alterna de un sueño a otro, como un goce que dura tan poco y es tan intenso sentirlo que a veces por él perdemos un reino.
Y el día y la noche y la noche y el día, y otra vez otro día y otra noche, muchos días, muchas noches y años que desgrana el almanaque, sin darse cuenta que sus hojas desprendidas ya no significan nada porque no volverán.
Se va la vida y nadie acusa recibo que la finitud es insuperable y vivimos como si fuéramos eternos en total somnolencia, indiferencia y sin sentimientos, tan solo la angustia, la ansiedad de tener  lo que nunca alcanzaremos, esa eternidad dibujada como futuro por la que dejamos de vivir intensamente; por ese descuido incomprensible del egoísmo de no querer sufrir en carne propia al amor que tanto escapamos, que es el indicador que la vida es bella.
Por no querer morir, ya estamos muertos por esquivar lo inevitable amar-sufrir y completar el goce de saber que la vida está hecha para ser dos en uno.


Heidi Rótulo
Sgo del Estero-Argentina

miércoles, 16 de febrero de 2011

CUANDO UNO SIENTE PASIÓN

Cuando uno siente y hay reciprocidad entre dos personas es imposible controlar esa pasión que emana de la piel y de la mente. Simplemente fluye, corre, devora y enloquecida, sin razón grita con ansias esa locura que impregna cada movimiento y cada pensamiento. Libres, sin pudores y mezquindades gozan del encuentro de dos que no pueden evitar  esa unión de deseos compartidos. Es tan intensa esa atracción que pese a cualquier obstáculo se juntan y sienten que su erotismo invade cada neurona, cada cuerpo, es una comunión de los sentidos que confluye en estallidos imperiosos porque no pueden, ni quieren evitarlo, se buscan en el aire, en el pensamiento, cada vez que esa electricidad necesita del otro. Son como dos polos que enardecidos por su basta plenitud de goces esperan ese maravilloso instante, inevitable y anhelado.


Heidi Rótulo
Sgo del Estero-Argentina

martes, 15 de febrero de 2011

CUANDO TE SIENTAS

Cuando te sientas cansado de mi vientre
y no desees libar mi miel.
Cuando la tristeza te invada al pensar en mí y
el desasosiego no te permita dormir,
los días te resulten sin sabor,
las noches interminables,
que la pasión no fluye en cada roce
de nuestros cuerpos,
cada pensamiento lúdico se esfume y
comience a plantearte la razón.
Es que la magia de nuestro encuentro
se va apagando, como todo final y
la soledad vuelve a invadir el corazón.

viernes, 11 de febrero de 2011

DUELE, CUANDO EL AMOR SE ACABA DUELE

     Y sí, duele, de día, de noche, duele cuando caminas, cuando trabajas, cuando ríes, cuando corres, aquí, allá, acostada, sentada, parada, duele, duele y duele y no hay razón que te explique no porque duele tanto, sino ¿porqué te sucedió? ¿qué hiciste que no fuera correcto?, ¿qué dijiste que entendió mal? ¿qué no comprendiste de lo que él te dijo? Qué pasó que inesperadamente todo ese sentimiento que fluía a borbotones se esfumó, así, así de golpe, sin más ni más.
Y duele, duele, duele pero no hay caso, él ya no está y desfilan como tormentos en tu mente cada instante, cada día esa desazón inacabable de no saber a ciencia cierta que pasó.  Y te das vuelta en tu cama y piensas y recuerdas palabra por palabra de todo lo que hablaste, lo que hiciste, lo que escuchaste y no, no hay razón que te explique el porque de su ausencia. Y ese dolor que orada tu cerebro, da vueltas y vueltas tratando de encontrar una explicación y sigues con ese tormento que te atrapa como si fuera una horda embravecida que nunca termina y se complota con la angustia, la ansiedad, la tristeza y esa infame manera de querer tener siempre una explicación lógica de cada cosa de tu vida.  Y es tan simple darse cuenta que él, tan sólo se sinceró y se fue porque ya no te ama más! Sólo que no queremos entender que el amor  no es eterno y que hay que vivirlo con intensidad sin esperar que sea  para siempre!


Heidi  Rótulo
Santiago del Estero-Argentina  

miércoles, 9 de febrero de 2011

DESPEDIDA


La vida es una constante despedida, es tan impredecible que hoy estamos, mañana no sabemos. Cada día puede pasar algo sorprendente, cambiar nuestra forma de vida, nuestra compañía, afectos que de pronto se van  por trabajo o en busca de mejores oportunidades. Y es así tal cual de estar acompañados pasamos a quedar solos, es la ley de la vida. Es bueno que aprendamos a aceptar esos cambios con naturalidad, paciencia, esperanza. “Partir  es morir un poco” pero quedarse es preocuparse por aprender a seguir viviendo de una manera diferente, nueva, es proyectar nuevos emprendimientos. Todos los días nos despedimos en cierta manera de algo porque cada comienzo de un nuevo día es distinto, siempre diferente, hay presencias y ausencias. Ello implica una serie de experiencias que debemos afrontar sin tristeza, sobre todo cuando la despedida significa nuevos horizontes.
Quizá para el que se queda es más difícil porque cada cosa, cada lugar nos trae recuerdos pero no debemos apegarnos a ellos porque son pasado. Emprendamos una nueva etapa y cerremos ese ciclo. Hay esperanzas, sorpresas, aliento, tareas, otros hijos nietos que ocupan nuestra  mente y lugares, aunque no por eso lo olvidaremos al que se ausenta, ni mermará el cariño.  Aprovechemos ese vacío para preocuparnos por cosas que dejamos de hacer por falta de tiempo, recorramos con valentía ese tramo y aceptemos la situación presente. Pensemos que vendrán otras personas, otras motivaciones, otro comienzo porque la vida está hecha de permanentes  encuentros y despedidas.
 Es importante darnos cuenta que cuando se cierra un círculo se abre otro con tantas hermosas posibilidades como las anteriores. Nunca desfallecer ante una despedida porque la vida sigue y el sol sale siempre en cualquier lugar. Cuando ya caminamos un buen trecho por la vida vamos comprendiendo que una despedida es  también una vuelta y que el afecto siempre está.

Heidi  Rótulo
De mi libro Una mirada mía-2010
Sgo del Estero - Argentina




domingo, 6 de febrero de 2011

NO INTERESA

NO INTERESA

No interesa tu rostro,
Ni tu estirpe,
Ni tampoco tu hábitat.
No interesa en que inviertes las horas.
Ni siquiera tus raíces.
Ni esperarte todo el tiempo discontinúo, que aparezcas.

Interesa el roce peculiar de nuestras mentes
convertidas en cuerpos que  estremecen,
con tan solo sentir que el espacio destinado a
nuestras mieles se derraman en goce.

Interesa la sabia que fluye en nuestra sangre.
El contacto abismal de los deseos.
La humedad de las palabras que se esparcen,
derretidas por nuestros pensamientos.

Interesa,  Amor, que la esencia busque el encuentro y
que escriba con latidos nuestra historia
que desborda en gemidos muy intensos.


Heidi

miércoles, 2 de febrero de 2011

EL  REGRESO



Estoy esperando a mi mama. No alcanzo a comprender lo que me sucedió.
Vivía en el campo con mis padres y mis hermanos, en un rancho de adobe con techo de paja, rodeado de algarrobos, mistoles y chañares que daban una flor de sombra. Me gustaba pasar las siestas pachorreando y oyendo las chicharras.
Si parece como si me estuviera viendo alrededor del fuego en la  sacha cocina comiendo la mazamorra y  pa que voy a recordar las empanadas que hacía mi mama en el horno de barro, pa chuparse los dedos.
Por ahí  escuchaba que mi mama me gritaba pa que les cebara unos mates, mientras  contaba todos los chusmeríos de las comadres. No se salvaba naides, ni el alma mula.
Mi tata  araba de sol a sol, pero las cosechas eran muy pobres por la sequía. Mi mama, pa ayudarlo, hacía chipacos, el olorcito a chicharrón hacía gritar la guata, y pan casero que más de uno quedaba con ganas de seguir comiendo, calentito. Mis hermanos entre correteada y escondidas traían la leña del monte, prendían el horno y, cuando estaba listo yo iba al pueblo a venderlo. A veces a pata, y otras a caballo.
En el camino me entretenía juntando florcitas y cantando. Siempre vendía todo. Volvía contenta como chinita enamorada, porque sabía que con esa plata podríamos comprar la comida pa nosotros y pa los animales.
Un día, cuando volvía, lo encontré a Juan,  un chango que le ayudaba a mi tata.
 Me comenzó a echar el ojo y a mí  no me disgustaba, porque me contaba cosas que yo no conocía.  No les dije a mis viejos, porque  me mezquinaban.
Estaba bastante tiempo con Juan, que se hacía el mimoso, a mí eso no me hacía gracia. Hasta que una vez me tiró a los yuyos, me arrancó la ropa y me hizo la porquería. Yo lloraba y le pedía que me dejara, porque si me padre se enteraba lo iba a matar.
Cuando me levanté, me dijo:
¡Guay  que le digas a tu tata, porque te mato, chinita desgraciada! Y ahora ¡vete!
No entendía nada, era como un diablo despistao, nunca lo había visto tan enojao.
Me arreglé la ropa como pude y llegué hecha un espantapájaro en desgracia.
En cuanto me vio, mi mama dijo: ¡Jesús santo, qué tren te pasó por encima, Rosa!
 Entonces le conté lo que Juan me había hecho.
Se enfureció y gritaba: ¡Éste guaschulo piojoso, qué se ha pensao!
Y me chusjchó hasta arrancarme los pelos, mientras repetía: - ¡Nunca se lo cuentes a tu tata, porque te mata!
Me sentía tan dolorida que me fui a dormir hasta el día siguiente.
El Juan desapareció. Se fue del pueblo. Con mi desgracia a cuestas seguí trabajando.
Mi tata ni me hablaba. Algo sospechaba, porque le reclamaba a mi mama: -  La Rosa  anda tristona, seguro que vos le escondes algo.
Ni que fuera brujo. Sí me pasaba algo... estaba preñada de un mal parido.
Le avisé a mi mama. Después de un rosario de maldiciones, me dio un té de borraja. Como no dio resultao, me dio otro de perejil. Tampoco pasó nada. Me fajó como si me pusiera una cincha y me dijo que cuando pariera, tendría que irme de la casa.
 Pasaron varias lunas de tristeza y sufrimiento que terminaron secando mi corazón. No dormía pensando en lo que haría con un  hijo que no quería
.Mi mama me vichaba y me decía: - Ya te falta poco, yo te atenderé, te daré unos pesos y te irás con el bastardo.
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Se dio maña para que no estuviera naides en la casa.
 – Puje, puje, puje, que ya viene saliendo. ¡La pucha, carajo! Es un machito morao. Estaba muerto, no podía ser de otra forma, nadie quería este nacimiento.
 Cuando mi mama se fue, ni siquiera lloré. Era como si me hubiera sacao un peso de encima. Por suerte no tendría que irme de la casa.
Me levanté como pude, agarré una pala y lo enterré en el patio de atrás. Quedé como ánima en pena.
-         Me imagino, Rosa, que lo habrás tirao en el pozo ciego pa que no lo encuentren.
-         Sí, mama, le contesté sin aliento.
Pasaron como dos meses, ya me estaba olvidando de mi pena, pero un día, cuando estaban en el patio tomando mate unos parroquianos, un polecía y mi tata, uno de los perros trajo arrastrando la cabeza del muertito.
Todos quedaron estaqueaos. Ni hablaban, abrían los ojos como dos de oro; el polecía se la quitó al perro y la envolvió con un papel.
Mi tata la enfrentó a  mi mama y le tuvo que contar la verdad. Si no hubiera sido por el polecía,  me mataba. Me llevó a la comisaría y después a la cárcel de la ciudad donde estuve presa un año.
Hasta ahora no sé por qué.
Creo que hoy volveré a casa.


Heidi Rótulo