Cuando el alma duele, cuando te das cuenta que no te responden a tu medida, cuando te usan, te engañan y luego te descartan, refúgiate en silencio, en ese lugar íntimo donde tan sólo vos y tu conciencia pueden analizar con total franqueza el verdadero peso de lo que estás pasando.
Es la única manera de poder entender la mezquindad de otros que rezan palabras que ni sienten, que no son verdad, ni siquiera tienen el fervor de ser sinceras. Pero tu conciencia, que no falla, te aliviará la carga que a través del tiempo se volverá incolora, sin peso, se hará invisible y restaurarás tu herida y tendrás más cuidado en confiar en las palabras de alguien que las emplea sin medir su peso, ni su significado, ni su alcance.
Así podrás volver a tu normalidad, sin culpa, sin dolor, sin pena, ni angustia. Todo pasa, todo se recupera, todo termina y vuelve a abrirse un círculo de fe y de esperanza en el mañana.
Heidi Rótulo
Santiago del Estero-Argentina