En el Crucero Ibero “Gran Mistral”, un 28 de febrero del 2011.
La liviandad del ser.
Increíble sensación de liviandad del ser al realizar este crucero, un sentir de habernos desprendido de un bagaje de presiones cotidianas en nuestras mentes. Aquí, en ésta extensión increíble de agua, es la unión de uno con lo sagrado, despojados de estructuras que nos impone la vida.
La libertad se apropia del alma henchida del disfrute, permite que el corazón palpite anhelante de ésta despersonalización de lazos. Invade el aire nuestros pulmones como alas que vuelan sin destino, ni existencia.
Sólo éste instante, el ser hoy, a la deriva de aguas quietas por ratos y turbulentas por otros, como si la vida misma descargara en esos movimientos el stress impensado que pesa, a veces, sin darnos cuenta.
Sólo el mar, el cielo, nuestras almas que danzan en la magia imperecedera del tiempo y la distancia, aletargados en éste paréntesis de hermosa experiencia de eternidad inventada.
Heidi Rótulo- Santiago del Estero-Argentina
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