domingo, 20 de marzo de 2011

LA NATURALEZA

La magnitud de la Naturaleza es inconmensurable, misteriosa e impredecible. Su enojo se manifiesta en desmanes ecológicos incontrolables para los que el hombre es como un punto pequeño e indefenso que no sabe cuando estallará su furia y tampoco como combatirla. Ahí es cuando la finitud de la humanidad palpita y reconoce su impotencia, su ignorancia, su desnudez.
El inexpugnable grito de la Naturaleza no perdona. Por más razonables e inteligentes que seamos no podemos vencer a los fenómenos meteorológicos.
¿Alguna vez pensamos cuando desbastamos los bosques, cambiamos el cauce de los ríos, desechamos la basura en ellos, invadimos el espacio, que ella  respondería a nuestros ataques?
Nos creímos dioses, pero tan sólo somos dioses de barro que se diluyen  cuando el agua los invade y el sol se oculta.
Tenemos que aprender que hay cosas que no las dominamos nosotros y que la Naturaleza tiene sus propias reglas, invencibles, aún, ante las mentes geniales.
Somos tan indefensos ante ella que la finitud es intransferible ante su reclamo.


Heidi Rótulo
Santiago del Estero-Argentina

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